A CORTÁZAR SIEMPRE SE VUELVE

A CORTÁZAR SIEMPRE SE VUELVE

Cortázar y literatura, podría decirse que son sinónimos; o más aún podríamos afirmar que Cortázar es literatura, y viceversa. Su aporte a la literatura universal, fue clave en el desarrollo de la literatura moderna de habla hispana.

¿Existen ojos por los que no haya pasado al menos unas líneas de Rayuela? Esa “contranovela” que invita a poner en juego la subjetividad; que permite experimentar la libertad en la lectura. ¿Quién no leyó, al menos uno, de los cuentos de Bestiario? En donde sus relatos escapan de lo fantástico y se perfilan hacia lo cotidiano. ¿Habrá alguien aún que no viajó por Cuba, Roma, París o Buenos Aires, a través de los renglones de Todos los fuegos el fuego? Para Cortázar no hay tiempo; no hay orden ni espacial ni cronológico… Aunque yo diría que para Cortázar, siempre hay tiempo.

Cada obra, está sesgada por el humor que lo identifica. Sus libros abren juego a los sentidos, ponen a prueba el instinto y el azar, e invitan al goce. La riqueza de su imaginación ofrece una propuesta imaginativa y azarosa para el lector, dándole un lugar activo en la lectura.

Cortázar, considerado uno de los escritores del famoso “Boom hispanoamericano”, sentó precedentes en el campo de la literatura. Al margen del realismo mágico de la época, orientó su pluma hacia lo ordinario, y fue uno de los pioneros en romper los esquemas temporales de la escritura. Pareciera como si Julio Cortázar no hubiese muerto ese domingo, ese 12 de febrero de 1984, tanto él como sus obras, siguen resonando en la actualidad… porque a Cortázar siempre se vuelve.