CARTA ABIERTA DEL CEREBRO AL CORAZÓN

CARTA ABIERTA DEL CEREBRO AL CORAZÓN

Estimado corazón:

Quise arrancar esta carta muchas veces pero sabes como soy. Sí, lo pensé demasiado. Vengo masticando una bronca que a veces no me deja ni dormir. Sí, la tengo contra vos y lo sabés muy bien. Yo sé que somos distintos, que vos jugás con determinados factores físicos y emocionales y también sé que tengo mis limitaciones, pero me haces quedar como el malo de la película. Te tengo rabia, a veces envidia, pero me hacés doler de la cabeza hasta los pies. Sino podés preguntárselo a cualquiera de los músculos que nos acompañan.

Lo único que quiero que entiendas es que no podés “dejarte llevar” por todo lo que te pasa. Tenés que quererte un poco más, parar la pelota y decir: “¿Está bien esto que estoy haciendo o me equivoco?”. No, el señor va por la vida yendo a todas las pelotas divididas y después se anda quejando que le duele por acá o por allá, sabiendo que quien te habla es el que tiene que mirar todo desde acá arriba y termina haciéndose cargo de que el cuerpo quede hecho pedazos.

No es así, hermano. Vivimos en la misma casa y vos no podés hacer lo que se te antoja. Cuando consultás, parece que te chupara tres litros de sangre lo que te decimos. El estómago está cansado de fastidiarse y andar con el reflujo hasta las nubes (además sabés que, cuando esto pasa, pide aumento de sueldo en comidas grasas y se nos va la inflación al carajo), los huesos hacen un quilombo acá adentro que ni te imaginás, los ojos arden y lloran, lloran, lloran, hasta que por fin el sueño me da una manito para bajar un cambio.

Por eso estamos organizando con los/as muchachos/as una nueva manera de manejarnos: vamos a formar un organismo heterogéneo para decidir y/u homologar todo lo que a vos te pasa. Lo vamos a llamar Congreso Deliberante de Primero Yo. La idea es que entre todos podamos ayudarnos, sin que nadie salga herido. Pensá que lo principal es mantener la armonía del ser. El ser es ese espacio hermoso que formamos desde que nacemos y que intentamos cuidar todos los días.

Cuando vos tengas una revelación, vamos a formar un balance para saber si es potable que sigas adelante. Por ejemplo, te despierta ansiedad ese/a chico/a, bueno… vamos a Congreso y vemos qué tan perjudicamos salimos. A veces, sí, está buenísimo jugársela porque tenemos más de perder que de ganar, pero quién te dice, en una de esas, tenemos suerte y mejoramos la salud. Pero nada de andar tirando la baba por cualquier lado, quedando como pavos adelante del mundo. No, basta. Se terminó. Estamos cansados de sentirnos cansados.

Yo entiendo que vos no entendés nada de razonamientos ni de lógicas, pero para eso estoy, mi amigo. Para ayudarte cuando vos te jugás hasta la última gota, sin importar el golpe. Y debo decir que sí, te envidio, porque la valentía y el coraje que tenes no lo supera nadie. Sos el primero que grita cuando algo le parece injusto, o el que llora a mansalva cuando escuchamos esos temas que tanto nos gusta. Bueno, también sos el que rebela a los pelos con puros escalofríos, pero ese es un tema aparte.

Más allá de toda esta rabia, sabes que me gusta tenerte latiendo como mi aliado fiel y que siempre vamos a compartir la misma copa de vino. Vos sin mí no resistirías, y yo sin vos me quedaría sin palabras. Por eso te pido, querido amigo, que en esta noche vos y yo debatamos mirando al cielo, qué es lo que queremos para seguir viviendo. Vamos a equivocarnos muchísimas veces más, pero nunca nos van a faltar risas que nacen desde el alma para levantarnos y seguir siendo los que mandan en este cuerpo. Espero que algún día puedas entender por qué seré siempre el verdugo que te pone a punta de pistolas.

Te quiero con toda mi razón.

Cerebro.