DEL TIEMPO Y TU RECUERDO

DEL TIEMPO Y TU RECUERDO

Fueron cayendo las hojas de los calendarios; algunas con risas, otras con llantos… todas con tu recuerdo. Que el tiempo pasa rápido, que lo cura todo, que sanan las heridas, que bla, bla y bla. Como quien amanece tras un largo sueño, o una aterradora pesadilla, el 2000 no parece tan lejos, o sí.

Cada medianoche, las agujas del reloj, me agarran paralizada en un limbo de confusiones. Te pienso, y me dejo llevar. Recuerdo fuerte tu voz al intentar escucharte dándome un consejo. ¿Qué me dirías? ¿Con qué gestos? ¿Una palabra, una sonrisa, quizá un abrazo? Pfff… un abrazo! -creo que serían incontables las veces que me imaginé rodeada entre tus brazos; más aún las veces que necesité de eso- Y el gris me inunda de nuevo. Resulta imposible distinguir si es alegría, si es tristeza, si es melancolía… o si es simplemente el profundo deseo de que estés acá, conmigo, con nosotros.

Muchas veces siento escucharte, y me llamo a silencio. Otras creo verte y hago fuerza para no despertarme. Percibo sentirte… sí, ya sé! Entiendo que sólo son ilusiones, pero a veces parece tan real. Quizá le das tu mano al viento, y esa brisa que me despierta, y otras tantas veces me despeina, me advierte que estás ahí o estás acá, conmigo, con nosotros. Sospecho que el tiempo, finalmente, madura y vuelve a ablandar el corazón.

Me quedaron atragantados los «te quiero» que no te dije, los besos que se quedaron en la bandeja de salida. Me inmovilizaron los abrazos que no te dí y algunas cuantas negaciones de darte la mano para cruzar la calle. Me quedó el sinsabor de simular estar dormida para evitar las pastas de los domingos. Y empiezo a darme cuenta que muchas veces nos perdemos lo más simple y bello de la vida.

Elijo, siempre, tu sonrisa, tus olores. Tus pasiones y tu herencia. Elijo tus lugares, los muelles y la profundidad del mar. Tus valores y tus principios. Elijo tu ejemplo, tu solidaridad y tu honestidad, por sobre todas las cosas. Elijo mirar para arriba y volar para encontrarte.