Febrero, otra vez

Febrero, otra vez

Es febrero y llueve, como casi todos los febreros. Un rayo de sol que se escurrió entre las nubes y traspasó las hendijas de la persiana baja de la habitación, me despertó tibiamente. Me recordó que te había soñado, recién nomás; y la sonrisa no tardó en dibujarse en mi cara. ¿Acaso puede existir mejor modo de amanecer?

Estabas ahí, como ese último febrero, yendo y viniendo. Fue un sueño algo confuso. Te soñé acá, en casa. Te soñé allá, frente al mar, como cuando te esperaba; donde aún hoy, esa brisa me despeina, me trae miles de risas, juegos, y sobre todo, tu mano apretando la mía.

El diario, la tele prendida, la birra fría y los maníes, el combo infaltable. Una tarde cualquiera. Estabas sentado a la mesa, en pantalones cortos y en cuero. Te abracé por la espalda, y pude sentir tu calor y esas manos fuertes, que tomaron las mías… como ese último febrero. No me miraste, pero yo te sentí.

Es febrero y llueve, como casi todos los febreros. Un rayo de sol que se escurrió entre las nubes te trajo otra vez hasta acá. Me iluminó por un ratito y yo fui feliz.