Festival Contra La Trata: 10 años sin Florencia Pennachi

Festival Contra La Trata: 10 años sin Florencia Pennachi

Un ejército de hombres va y viene por las afueras de Tribunales, como suele hacer a diario, portando antiquísimos maletines de trabajo y olor a transpiración. Mientras un grupo de mujeres llega a las inmediaciones con ropas rojas y un cartel pegado al pecho que recuerda que hace 10 años, la justicia argentina le debe una respuesta a la sociedad respecto a la ausencia de Florencia Pennacchi.

En su aniversario los familiares de la joven desaparecida el 16 de marzo de 2005, organizaron una semana de actividades que se coronaron con el Festival Contra la Trata. Jeites, Salta La Banca, Cadena Perpetua y Las Manos De Filippi estuvieron presentes para cantar por Florencia y por todas las víctimas de trata de personas del país, que caen en manos de quienes operan impunemente, sin piedad alguna.

El folclore rioplatense de Jeites empezó a sonar puntual a las seis de la tarde mientras más personas llegaban a Plaza Lavalle para apoyar el reclamo: “Exigimos justicia, tratá de escucharnos”. Sin embargo también se acercaron para disfrutar una tarde de música, por lo que el quinteto luego de expresar que “la trata nos involucra a todos”, interpretó Vuelve canción (Desde la tierra, 2014).

Mientras sonaron los acordes suaves de Joaquín Varela (guitarra y voz), Francisco Halbach (guitarra, trompeta y voz) y Tomás Halbach (bajo y voz), una tropa roja despliega una bandera de la FUBA. Al costado, los representantes del Frente De Izquierda abrieron un trapo aún más grande.

Después un video con el testimonio de Pedro Pennacchi, hermano de Florencia, vuelve todo al clima inicial, una tarde tranquila en la que se reanuda el pedido de justicia.

Salta La Banca, sin dudas una de las bandas del momento, pisa el escenario en el preciso instante en que un sol fuerte y cruel da paso a una noche espectacular. “Hay violencia y mano dura, no hay justicia ni en pintura”, canta Santiago Aysine y los que están al frente repiten, calmos, cual himno nacional, con sentimiento y una pasión que se oye más que la voz del líder al hacer Ellos (C.O.P.L.A; 2012).

La letra de Vosotros, también perteneciente al material discográfico mencionado anteriormente, le viene como anillo al dedo a este Festival Contra la Trata, que denuncia, entre otras cosas, el accionar nefasto de la policía en casos como los de estas víctimas. Acto seguido llega Nosotros con más frases para corear: “La magia de la escuela independiente, la honra de fraguar la autogestión se acaba si la vanidad interviene, el sueño es del que lo hace por amor”.

Los siete músicos que conforman la banda dieron todo lo que está a su alcance para que el décimo aniversario de la desaparición de Pennacchi no pase desapercibido, y esa conclusión se reafirma en cada canción. En el disco en honor a Luciano Arruga, otro caso que acuna la democracia nacional, todas las letras aluden a que algo en este sistema está mal; demasiado mal.

El grupo maneja el tiempo muy bien, ya que mientras la luz del día alumbra los rostros brillosos de los presentes, todo se produce con armonía, pero al asentarse la noche dan un plus de energía propio de sus recientes recitales. Seremos y Somos (Seremos, 2011) logran despegar a los espectadores de sus malditos teléfonos celulares que, hasta el momento, estaban encendidos con la opción fotografiar y filmar, nada nuevo en la ya instalada generación 2.0.

Cuando el saxo de Mauro Ostinelli da fin al cálido show de Salta La Banca, unos tambores empiezan a repicar con fuerza hasta que el reloj marca las ocho, y los familiares de víctimas de trata de personas pisan firmes el escenario. Desde entonces, no se oyen instrumentos, sino tímidos aplausos y silbidos, mezclados con sinceros agradecimientos por parte de la organización de dicho festival.

Una vez invocada  y otras mujeres desaparecidas y presas de estas crueles redes de prostitución, la música sigue a cargo de Cadena Perpetua y Las Manos De Filippi, con un compromiso, al igual que el de cientos de colaboradores, que es digno de admirar y celebrar en una sociedad en donde los derechos no dejan de ser pisoteados por unos pocos inadaptados.