JUAN ABSATZ: “LO QUE MÁS ME IMPORTA ES LA CONEXIÓN PROFUNDA”

JUAN ABSATZ: “LO QUE MÁS ME IMPORTA ES LA CONEXIÓN PROFUNDA”

No lo vas a leer entrevistó a Juan Absatz tras la salida de su nuevo disco Un elefante en el salón, título que hace referencia a la frase anglosajona an elephant in the room (una temática que tensa el ambiente y que es tan grande como un elefante en un espacio chico, incómoda, que nadie aborda). El artista presentará su reciente álbum en la Sala Caras y Caretas.


– ¿Cuál es el elefante en el salón que te llevó a componer tu más reciente disco? ¿Qué inquietudes personales tuyas predominan en este nuevo álbum?
– Las inquietudes son varias. Uno vive la vida y van pasando cosas. Aparecen palabras, frases, hechos que a uno le preocupan. Hay épocas en las que uno habla de amor, y otras de la gente, de la vida, de la muerte, del tiempo, que siempre está presente. A medida que pasa, uno encuentra cosas de las quiere agarrarse y son inasibles. Eso también es un motor para escribir. Los contrastes: el palacio y la plaza, el blanco y el negro, los ricos y los pobres. Todo eso te hace ver el mundo.

– ¿Te mueven las cuestiones sociales a la hora de componer?
– Uno está atravesado por lo que pasa, a mí me mueve todo. Las cuestiones sociales están ahí. No me considero un artista de protesta ni mucho menos, pero el mundo está ocurriendo. Y uno, escriba lo que escriba, lo va a estar contando aunque sea con una canción de amor para su perro.

– ¿Cómo abordás tus procesos creativos?
– Hay partes que son lúdicas, tienen que ver con tocar instrumentos, cantar y divertirse. De repente aparecen cosas que decís ¡epa! ¡Esto es algo! Hay que tener siempre un grabador a mano. Hay una parte que tiene que ver con estar atento, con captar lo que la gente dice, puede ser algo que a vos te pasa y puede convertirse en una palabra o una frase. Puede ser la punta del ovillo que, con mayor o menor trabajo intelectual, va transformándose en canción o en cualquier obra. Esa punta puede encontrarse en una imagen que ves, en una melodía que tocás, en una palabra que escuchás. No diría que por accidente. De todas las puertas que hay, como en la vida, como en todo lo que uno hace y decide, uno encuentra una puerta y decide abrirla. Cuando piensa que había llegado a un lugar, en realidad se encuentra con otras dos puertas, y cuando abre una, de nuevo aparecen dos. El proceso creativo, para mí, tiene que ver con eso. Con los infinitos caminos a tomar, el que elegís, el que te llama, el que te resulta natural y que no podés evitar porque la marea te lleva.

– Además de estar todo el tiempo rodeado de gente que compone…
– Ni hablar, estoy rodeado de músicos geniales. Que gente cercana haga cosas geniales es muy bueno como escuela. Porque cuando escuchás, por ejemplo, la 5ta Sinfonía de Beethoven es genial, pero resulta lejano. De pronto un amigo que tiene un estudio con una computadora, dos micrófonos y un teclado te muestra algo que es increíble. Eso es un alimento muy potente.

– Ahora se dice que hay un bache en la música, que no hay bandas grandes. Después uno va a un show y se va fascinado con lo que ve y se pregunta ¿cómo pueden decir que no hay nuevas propuestas?
– Esta es otra época. No es que hay ocho bandas grandes, hay diez mil bandas chicas. Y dentro de esa cantidad, por supuesto, es difícil encontrar muchas que te gusten, pero las hay. Hay una cantidad músicos buenos, ricos, interesantes, geniales; así como también la posibilidad de bucear en su búsqueda. Con Spotify YouTube, que te sugieren qué escuchar de acuerdo a tu gusto. Es muy genial eso.

– ¿Cuándo te diste cuenta de que tenías que apostar a tu carrera solista?
– Hace muchos años armamos Superchango, con Pol Medina y Andy Chango. Estaba buenísima, a mí me encantaba. Era muy potente, en vivo teníamos una gran energía. Estaba bueno por ese placer que nos daba esa potencia. Pero también es muy difícil el armado de una banda. Hay momentos en los que la banda se potencia y otros en los cuales se traban los mecanismos. Cuando se trabó, nos separamos. Por supuesto seguimos siendo amigos, ellos graban conmigo y yo con ellos. Después de eso, decidí que quería capitanear lo que hago. Quería comandar el barco y tener la potestad de tomar las decisiones que se me canten y la libertad como artista. También es muy difícil y muy caro, y no hablo de guita, cargar con el peso de las decisiones. Muchas veces uno se siente solo y sin nadie que legitime las decisiones que toma. Por eso, para este tercer disco, en lugar de producirlo artísticamente yo, lo convoqué a mi amigo y socio David Bensimón, que es el guitarrista de la banda, para que coprodujera. Siento que de ese modo el disco se enriqueció con la mirada de otro.

– ¿Qué adoptás y qué descartás de tu rol como músico de Fito Páez como herramienta para tu carrera solista?
– Descartar nada, es todo aprendizaje. Es tocar con el número uno, un artista que es parte del cancionero argentino más relevante. Verlo trabajar en el estudio, ver su entrega en la sala de ensayo. De eso me llevo algo, y de muchas otras cosas técnicas y difíciles de explicar. Pero eso es algo muy sencillo de entender, es muy interesante, y no lo sabe mucha gente. 

– ¿Cómo describirías un show tuyo?
– Como una celebración de la música, realmente lo pienso así. Lo que a mí me gusta y trato de plasmar en el estudio y en el disco, es eso. Por supuesto me encanta el trabajo refinado, con arreglos, pero lo que más me importa es la conexión más profunda y el disfrute de lo que está cantando, llegar a entrar en comunión con la música. Creo que eso es lo que hace que los demás puedan empatizar con uno, casi desde un lugar tribal. Uno no puede obligar al público a divertirse, emocionarse, llorar, reírse. Si uno no tiene esas sensaciones, el público no se va a conectar. De ese modo lo vivo.

– ¿Depende de algún factor en especial que se genere esa conexión?
– Es muy mágica. No se trata de cantar afinado o pegarle a la nota. Para lograr eso me gusta mucho ensayar previamente, es la base. Si uno tiene la posibilidad de tocar seguido y lograr que las canciones salgan, fluyen a través del cuerpo y la garganta y eso te permite estar conectado con lo que pasa con la música.  

– Ahora vas a estrenar el disco, ¿es una de esas ocasiones que ameritan un show de cierto carácter?
– Lo primero y lo único en lo que pienso es que tenemos tantas ganas de tocar, estamos tan en el nervio, tan a flor de piel que eso es algo que uno no se quiere perder. Lo único que te puedo garantizar es que voy a dar todo. Después lo interesante es que el concierto es una sorpresa. El disco a mí me gusta, estoy contento y tranquilo con eso porque sé que está bien, pero del vivo me gusta que no sé qué va a pasar y ese es el ingrediente mágico. Es como en el amor, cuando le vas a dar un beso a la chica o al chico, el no saber si te va a corresponder o no y cómo va a ser. Esa emoción, ese ir aconteciendo es genial. También puede no ocurrir. Puede besarte y que salga mal o que sea lo máximo. Pero en el acontecer mismo está esa genialidad y la sorpresa. No te puedo garantizar nada. Durante el show puede caernos un piano en la cabeza y eso no es una mala noticia, al contrario.