LAS PRIMERAS VECES SIEMPRE SE RECUERDAN

LAS PRIMERAS VECES SIEMPRE SE RECUERDAN

Las primeras veces siempre se recuerdan. Sobre todo, si son buenas. Y el jueves pasado El Bordo brindó su primer show en formato acústico y sin dudas fue una noche inolvidable.

En una hora se agotaron las entradas y ese quizás fue el primer indicio de lo que pasaría horas después. El lugar estuvo elegido para la ocasión: la Usina del Arte, centro cultural que supo ser el histórico edificio de la Compañía Italo de electricidad y hoy se convirtió en una construcción artística moderna en medio de La Boca. Punto de encuentro para la noche fría del 7 de junio.

“Hoy serán testigos y partícipes de nuestro primer recital en formato acústico. Una forma diferente de interpretar nuestra música acercándola a su raíz primaria antes de enchufar los instrumentos. Tenemos la idea de hacer de esta noche única un INSTANTE ETERNO”, dice el clásico librito de Silbando en la Luna que todos querían tener.

En una formación semicircular, el escenario que los recibiría minutos después de las 21 dejaba en claro el clima de este show tan especial y parte de los festejos por los 20 años de hermandad, de refugio, de este grupo de amigos que construyen El Bordo. Entre lámparas y alfombras, la puesta era espectacular.

Bienvenidos al dulce encuentro. Con La libertad llegó la apertura de este viaje de canciones que recorrió su discografía y que dejó lugar también para sorpresas e invitados que los acompañaron en este formato acústico y nuevo, donde brilló el virtuosismo instrumental de esta banda y del que registraron el audio y varias imágenes para poder presentar videos de algunos temas.

En una lista de 15 temas viajamos al pasado con Volando, Silbando una ilusión, Tesoro. Cada uno se destacó no sólo por sonar en un tempo y formato distinto al original, sino por los detalles: melodías de mandolina por Diego Kurz, una guitarra acústica impresionante de Alejandro Kurz o Leandro Kohon por momentos en piano, teclado y órgano. El Bordo se completa con Pablo Spivak en el bajo y Migue Soifer en la batería, pero también esa noche fueron invitados Marcelo Telechea en el teclado, Lionel en percusión, Paula Pomerares en violoncello, Javier Casalla en violín, y Marcelo Di Giovanni de La Condena de Caín en bajo.

Y todavía faltaba más. Dos clásicos argentinos se ganaron un lugar en el repertorio que se escuchó en un auditorio imponente inspirado en el Auditorio de la Berlage, en Amsterdam: Himno de mi corazón de Los Abuelo de la Nada y Dulce condena de Andrés Calamaro. “Por felicidad yo canto…”.

Otro de los momentos especiales, además de las miradas cómplices, los abrazos y la emoción arriba de ese escenario, fue el aporte de Facundo Soto, cantante y guitarrista de Guasones en ¿A dónde vas?, y el estreno de una canción escrita en 1999 y que hasta este jueves permaneció inédita: Desde arriba.

Veinte años cumple El Bordo y sigue desafiándose y trabajando para seguir escribiendo esta historia de primeras veces: ya pasó el primer Luna Park, el primer disco grabado a cinta abierta, el primer material grabado en su propia sala y ahora, el primer recital en formato desenchufado. “Todos los que estamos acá nos vamos felices y eso es gracias a la música, al cariño que tienen ustedes y a la buena onda”, se despidieron a sala llena. Llena de aplausos, amigos, familia, amor del bueno, cariño y ovación.

Ph Emma Distilo | El Bordo