#NiUnaMenos: vivas nos queremos

#NiUnaMenos: vivas nos queremos

“Le mintió al padre y se fue con dos tipos en una camioneta”, leí ayer en un comentario de Facebook que ejemplifica a la perfección que siempre es mucho más fácil culpar a la víctima que gritar todos juntos contra estas atrocidades. Convencernos todos de que #NuncaMás y #NiUnaMenos.

Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo. Eduardo Galeano

Nos matan por mujeres. Y digo nos matan porque somos parte todas -y todos-; porque la próxima podés ser vos, tu mejor amiga, tu hermana, tu novia, tu mamá, tu hija o la vecina. Mientras tanto, muchos medios construyen su discurso y legitiman violaciones, aberraciones y torturas porque nos ponemos una pollera corta, porque viajamos “solas”, porque nos maquillamos o no, porque andamos por una zona peligrosa, porque salimos provocativas en las fotos de perfil, porque anduvimos con tanta cantidad de gente, por los lugares que frecuentamos. Porque somos libres y porque elegimos vivir la vida, disfrutar, emborracharnos, trabajar de lo que queremos, nuestra carrera, si tener o no pareja, si acostarnos o no con mil tipos, porque no nos quedamos encerradas y cegadas por el miedo de que nos pase algo -a pesar de que cada vez que salimos a la calle somos conscientes que hay que mirar para todos lados y caminar apuradas si no hay nadie, que enfrentamos un peligro-. Y me corrijo: no somos libres, buscamos y queremos serlo pero hasta que no pare toda esta locura, hasta que no podamos caminar tranquilas sin tener que preocuparnos, hasta que no dejen de matarnos, no lo somos.

¿Pero por qué tenemos que cuidarnos? La respuesta actual es: por mujeres y porque evidentemente, en esta sociedad, el simple hecho de serlo le da a cualquiera el poder de decirte cosas aberrantes, de dudar cómo conseguiste tu puesto de trabajo o un ascenso; de pegarte; de torturarte: Lucía murió de un paro cardíaco por empalamiento; de violarte; de decidir sobre tu cuerpo. La puta madre.

Elijo ser cruda con las palabras porque las delicadezas en estos casos suavizan; porque duele, indigna y da bronca; porque Lucía es cualquiera de nosotras y todas a la vez. El impersonal aleja y distancia y te hace creer que “ella” es un caso aislado, mientras matan a una mujer cada 30 horas. Todos los casos de femicidios tienen algo en común: una mujer que ya no puede ni soñar ni vivir porque alguien se apropió y se apoderó de su cuerpo y su vida.

Mientras el Estado no se haga presente con políticas concretas sobre la violencia de género, los femicidios van a seguir. Y no hablo de una línea telefónica nada más. Hablo de que cuando una mujer va a denunciar que su marido le pega, no aparezca muerta en una bolsa al día siguiente; de que la policía no sea cómplice de la trata; de que un acosador no acuchille a una mujer en un bar; de que no estemos expuestas todo el tiempo al peligro de que hagan lo que quieran con nosotras, que nos droguen, nos violen y nos asesinen por el simple hecho de ser mujeres.  Por eso marchamos hoy: para exigirle al Estado que cumpla su rol, para concientizar a la sociedad de lo grave que es esta problemática y porque #VivasNosQueremos.