QUE TU PORCIÓN DE HISTORIA VALGA LA PENA

QUE TU PORCIÓN DE HISTORIA VALGA LA PENA

Hace dos años dejé todo intento de ser poeta. Hoy me encontré pensativa, y entendí que todavía queda algo por escribir. Me sorprendí con pequeños recuerdos cotidianos de mi segunda relación fracasada con mi ex. El tipo salía del laburo al mediodía y se iba a su casa en subte y tren. Llegaba, se acostaba a dormir y no se despertaba hasta la noche. Un animal. Un negador. Sin embargo, de uno de esos viajes en trenes surgió esta reflexión.

Una tarde estábamos en mi casa tomando mates en el balcón. Las camperas de cuero se convirtieron en un invernadero para las espaldas bajo el sol de las tres. Hacía poco había vuelto a poner en circulación el mate que me había regalado del sur en 2014. Amaba ese mate. Pero la simbología de la relación no era compatible con las infusiones solitarias de la separación. Ese día desempolvé el porongo sureño -considero que esta es una gran elección de palabras-, lo llené de yerba y lo llevé a la mesita del balcón. Volver a verlo humeante entre sus manos era la imagen de la realización total.

-¿Viste lo que te mandé el otro día? De ese cartel que ví en el subte…- chupó el final de un amargo y la acción del cebado comenzó de vuelta.

-¿El de la película de terror?- hice el agujerito entre los palos mojados.

-¿Cómo de terror?

– Sí, me dijiste que era el póster de una peli de terror que se llamaba “Ojalá vivas tiempos interesantes”- tomé.

Me miró extrañado. Recibió el Santo Grial argentino.

-Claro, esa, pero… nunca te dije que fuera una película de terror.

-¿No lo es?- le pregunté con un tono muy agudo. -¿Y de dónde carajo saqué eso?

Busqué el trailer. Era un largometraje independiente nacional, una comedia. Pero claro, ¿y lo del género terror de dónde salió? Busqué en nuestra conversación por chat: la palabra de la discordia no estaba expresada en ninguna parte.

Entonces comprendí que lo que me había causado terror a mí era el título del filme. Ese deseo casi acusador, que se asemeja a la doble intencionalidad del “ojalá que nunca te pase…”. Esos ojos mordaces que te miran mientras suena esa frase en tono irónico. Sentía que el tiempo, disfrazado de hombre viejo y lleno de cicatrices, me miraba desde la oscuridad y me juzgaba detrás de sus arrugas, mientras pronunciaba el título de la película. Evocaba una desesperante sensación de que tal vez, sólo tal vez, tu vida transcurra en la quietud de la no revolución. Te deseo, aunque no creo que así sea, que tu porción de historia valga la pena. Risas malvadas. Apagón. Muerte. Sale el personaje con los pies hacia adelante rumbo al olvido.  

¿Qué parte del póster que vio mi ex en el subte no era de terror? Si a mí me interpeló, me sacó de eje y me tiró al vacío existencial.

Cuando era chiquita y miraba una película de este género, pasaba semanas con la idea de que, si dormía en una habitación con televisor, iba a salir Samara de la pantalla y me iba a asesinar. O que, si miraba muy fijo el umbral de una puerta de mi casa, tarde o temprano iba a salir Ghostface desde un costado, en uno de esos screamers de la vida real. Figuraciones de la imaginación de una niña.

Pero ahora, sin haber visto la película del subte, sabía que los monstruos eran reales. Eran reales y tenían la cara de mi ex cada vez que hablábamos del periodismo independiente, de los medios, de los políticos. Y sus ojos, cansados de pensar, me decían que él ya no creía en las luchas. Eran reales y tenían mi cara cada vez que había una marcha en el centro y yo no podía salir del trabajo para unirme a las masas.

Son reales en mis muñecas cada vez que las miro, y no tengo un pañuelo verde abrazándolas (pero me lo imagino, ahí, tiñéndome la piel). Son reales en cada milímetro de recorrido militante que no hice. En cada performance frente al Congreso que no viví. En cada gas lacrimógeno que no me hizo llorar. En las lágrimas de mi amiga fotógrafa que sí quedó atrapada en el sofocón. En los diputados que todavía necesitan convencerse. En aquel que no entiende que toda lucha es por la vida. En aquel que se queda estancado en la moral y la religión. En el que piensa que el gobierno de turno hizo posible lo que las mujeres en las calles pelearon por obtener. En cada momento en el cual la ley juega a ser dios.

El terror vive en los ojos de la mujer raspada. En la mujer sin poder de decisión, ni poder adquisitivo. En la mujer encarcelada, y en la última expresión de una mujer enterrada. El monstruo del estigma social. La gran baba mutante que nos une en prejuicio. El Frankenstein de las opiniones desinformadas, moralistas, machistas y misóginas ensambladas en una gran negativa que nos condena.

Ojalá no me quede nunca más al costado de estos tiempos tan interesantes. Ojalá no me arrepienta de no haber estado. Ojalá este texto sea el primer paso hacia ello. Aprovecho y agradezco a mi ex por dejarme. Por dejarme ser libre y no enredarme en sus pensamientos fatalistas. También a las mujeres por pelear por mí, que a veces no sé salir de la silla. Que lloro en silencio cuando morimos. Que soy una más, pero que brillo por mi ausencia.

Ojalá vivamos tiempos interesantes. Y ojalá… ojalá vivamos.

#AbortoLegalSeguroYGratuito

PH Rochi Filippini