LA REVOLUCIÓN FEMINISTA ACABA DE COMENZAR Y MÁS TEMPRANO QUE TARDE SERÁ LEY

LA REVOLUCIÓN FEMINISTA ACABA DE COMENZAR Y MÁS TEMPRANO QUE TARDE SERÁ LEY

Cerca de las 3 de la mañana del jueves y tras más de 15 horas de debate se definió: con 38 votos en contra y 31 a favor, el Senado bloqueó el proyecto para legalizar el aborto en Argentina.

Mientras del lado autodenominado “pro vida” festejaban con fuegos artificiales, cantos y coreos, del lado verde aún costaba entender la derrota anunciada: los días previos a la votación, la negativa al proyecto había aumentado. Sin embargo, las mujeres aún esperaban un volantazo de parte de los y las senadoras que dirigiera al país del Papa Francisco hacia el siglo XXI.

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La mañana del 8 de agosto amaneció verde: en los postes de luz, en los semáforos y en las paradas de colectivos cintas aborteras flameaban al ritmo del viento y mujeres de todas las edades llevaban en sus cuellos y mochilas el pañuelo de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Por el contrario, mientras la militancia feminista copaba la ciudad, el presidente Mauricio Macri -quien alguna vez fue bautizado como “el feminista menos pensado”-  publicaba un texto despolitizado en su Facebook donde aseguraba que ese día lo importante era que ganaría la democracia más allá del resultado, simplificando a la lucha de las mujeres a un ingenuo partido de fútbol. “Si entendemos que nuestras creencias a veces ganarán y otras perderán, llegaremos a ser algo sin igual”, decía en su descargo. Sin embargo se olvidaba que, en este “partido”, lo que se pierde es la vida de las mujeres.

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—¡Recen por Liliana Herrera! ¡Recen por sus hijos que se quedaron sin madre por culpa de la clandestinidad!— le contestaba una joven a un anciano infiltrado que le agitaba su pañuelo celeste.

Eran las 9 cuando los alrededores del Congreso comenzaban a teñirse de verde. “La maternidad será deseada o no será”, disparaban algunos de los carteles que se acercaban por Avenida Corrientes. Bombos, glitter y vinchas se unían en bailes y cantos: la sesión iniciaría en menos de dos horas.

A diferencia de la Cámara de Diputados -donde el proyecto de ley obtuvo media sanción el 13 de junio- el Senado se caracteriza por su gran conservadurismo e impermeabilidad a la opinión pública. Es por ello que, desde el comienzo, los y las argentinas sabían que ésta vez la presión en las calles debía duplicar la de la última vez.

Y eso sucedió: pasadas las 12 el sector verde era intransitable. Las entradas y salidas de los subtes desbordaban de personas exigiendo “que sea ley” y  llegar a la pantalla principal donde trasmitían el debate era imposible. A esa hora, la lista de oradores tenía 56 senadores anotados y se preveía la votación para la medianoche.

De esta forma comenzó la sensación de ninguneo por parte de los y las legisladoras. Mientras en las calles el pueblo ya había decidido por la legalización, los argumentos en contra de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) dentro del Congreso poseían fuertes tintes eclesiásticos. Algunos, como el representante del PRO Estaban Bullrich -y ex ministro de Educación-, dejaban en claro que votaban a partir de sus creencias personales: “Empobrece a este Senado que haya senadores que durante este debate nos hayan pedido que dejemos de lado nuestras convicciones”. Y añadía: “Sabemos que hay mujeres que toman la trágica decisión de un aborto. Creen que es una molestia, un estorbo en su proyecto de vida. Eso es un fracaso de nuestra sociedad. La maternidad no debería ser un problema”. Sin embargo, cuando estaba al frente del ministerio (desde diciembre del 2015 a julio del 2017), el presupuesto destinado a la Educación Sexual Integral (Ley 26.150) -a través de la cual se puede informar a los y las estudiantes para prevenir el embarazo adolescente- se redujo en un 50,38% en su primer año de gestión en relación al del 2015.

Los argumentos se pondrían más machistas: el senador salteño Rodolfo Urtubey aseguró que “la violación no tiene un componente de violencia sobre la mujer” y ejemplificaría mencionando “los casos de abusos intrafamiliar”. “No es la violación clásica”, dijo. El enojo de los y las argentinas frente a sus dichos no tardarían en llegar en las redes sociales.

Por otra parte, la senadora de San Juan, Cristina López Valverde, luego de comunicar que no iba a anteponer sus creencias personales, dijo: “Tal vez si yo hubiese ocupado esta banca hace 30 años atrás, con el ímpetu de mi juventud y en lo que me beneficiaba en forma inmediata, hubiese votado a favor”.

A las 5 de la tarde comenzó la tormenta y la negativa hacia la IVE se fortalecía entre los senadores y senadoras del norte del país. Aún así, con la legalización cada vez más lejos, los pañuelos verdes seguían agitándose bajo la lluvia. El viento sacudía a los paraguas y pilotos verdes. Algunos y algunas buscaban refugiarse bajo algún techo. Otros y otras entraban a cafés y restaurantes y seguían la sesión por televisión: marcharse nunca fue opción.

“Quieren forzar a las mujeres a ser madres, díganlo así”, disparó el senador de Chubut, Alfredo Luenzo, que adelantaba el final de la votación: “No será hoy pero le puedo asegurar, presidenta, que será ley”. Luego, Fernando “Pino” Solanas, diría: “¿Cómo es posible que exista una mayoría que cree que le puede imponer a más de la mitad de las mujeres argentinas su mirada y su concepción del mundo?”. Además agregó que los que se oponen a la legalización del aborto son “los de siempre”:  los sectores reaccionarios y ultraconservadores. También, mencionó a la multitud que seguía en la vigilia, habló del goce de las mujeres como “derecho humano fundamental” y pidió que “nadie se deje llevar por la cultura de la derrota”: “¡Bravo, chicas! Esta causa esta noche tiene un pequeño descanso pero mañana todas de pie. Si no sale el año que viene, insistiremos el otro. Será ley. Habrá ley contra viento y marea”, aseguró Solanas quien dio uno de los discursos más emotivos.

Otro de los discursos más esperado fue el de la ex presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, quien es recriminada desde los sectores de izquierda por no haber puesto la legalización del aborto en agenda durante sus ocho años de mandato. En sus primeros minutos de exposición confirmó que acompañaría la media sanción de la IVE y que no fue su hija la que logró cambiar su punto de vista, sino que “fueron las miles de pibas que se volcaron a las calles.” Agregó: “El problema del aborto existe, sucede, y no le estamos dando respuestas como legisladores -sentenció la senadora- tenemos que dar una respuesta. No será este año, será en uno o dos”.

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Debido a este rechazo, la interrupción del embarazo se mantiene en Argentina como un delito penado con hasta cuatro años de cárcel, anclando a las mujeres a una ley que data de 1921, que sólo permite el aborto en casos de violación o riesgo para la gestante. Una ley que, como mostró la marea verde, ya no responde a las demandas sociales de estos tiempos.

Pero esto no es una derrota: el aborto fue ley en las calles. Las mujeres ya no obedecen ni obedecerán a los mandamientos que le impone una elite conservadora. La revolución feminista acaba de comenzar y, más temprano que tarde, será ley.