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Días y noches de ensayo, laburo, insomnio, ansiedad e ilusión para llegar a este sueño. De Quilmes a la mítica sala de San Telmo, Almita, si se me permite de entrada hablar desde el cariño, viene desde hace siete años recorriendo un camino que ya se siente prometedor; un camino marcado por el sacrificio, la dedicación, el esfuerzo y la perseverancia.

Su público fiel, si no es al que mejor le cabe la palabra, vivió con enorme expectativa los momentos previos. Anhelantes, agitaban globos blancos, alargados, esos con forma de caramelo, con el nombre de la banda; entonaban melodías, circulaban con vino, cerveza o fernet; se abrazaban con amigos, también con desconocidos, pero con esa confianza propia de la gente que está ahí por una misma pasión y que se siente hermana, como formando parte de una misma familia. Noches, fiesta, comunión, amistad, vino, valores… ¿les suena conocido? Eso es Alma Bouquet. Semejante acontecimiento no podía plasmarse de otra manera que con las banderas que sostiene la banda ya desde el nombre. Así se vivió, de principio a fin, de Lazarillo a Corceles.

Fue sobre todo un show marcado por la emoción. Sin demasiada palabra de por medio porque las canciones eran muchas, aclararon desde el vamos, pero sin dejar tampoco de expresar el agradecimiento y la conmoción que sentían por estar haciendo su primera Trastienda. “No saben lo que lloré hasta hace cinco minutos”, confesaba Marcos Scalerandi, voz y guitarra. Guillermo Torres (guitarra y coros), Pablo Calvagno (batería) y Mauro Memmo (bajo y coros), compartían ese sentimiento.

De abrazos inconclusos, Tras el telón y Apóstoles ateos. Se iban los primeros temas y Alma Bouquet, esa noche acompañados en la mayor parte del show por Luciano Maiorana, se afianzaba arriba del escenario. Haciendo memoria, recordaron recitales viejos y todo ese camino transitado de Barro, yuyo, barrio que los trajo hasta acá. Y ahí la primera emoción fuerte. Mirar para atrás y verse de pibes, lo difícil que parecía todo (y que fue), lo que costó, lo que sigue costando; pero mirar para adelante y ver el resultado, el premio, ese público. Vale cada frustración, cada caer y levantarse, escucharlos cantando a viva voz esas canciones que crearon, que los dejaron en vela porque tal vez una estrofa no cerraba o porque un acorde no los convencía, y hoy son himnos, son motores y son salvavidas.

Noche de brujas, ¡levanten ya sus lápices y empiecen a escribir! el momento de protesta política a la que el rock de ayer y de hoy nos tiene acostumbrados. No faltó tampoco el homenaje a una leyenda musical como John Lennon, en conmemoración al 37° aniversario  de su muerte, con I want you (She’s so heavy) junto a Matías Reynoso (ex Rock a la Orden), un momento donde el público se dedicó a escuchar y disfrutar. Pero, ningunos Santos, no tardaron mucho en volver a tomar el protagonismo, adueñándose del final de Preguntas en presente; donde, con motivo de la última estrofa del tema (prestada de Eiti leda de Serú Girán), se vieron sorprendidos cuando la banda se animó a mechar también unas estrofas de Seminare.

En la lista de invitados, tampoco quiso faltar Bruno Perassolo de Cuesta Arriva que junto a Alma nos hicieron gastar los zapatos y bailar Las piernas del tiempo. Y, nuevamente junto a Mati Reynoso, el sollozo otra vez a flor de piel con Datmi, donde todos los concurrentes formaron una ronda que abarcó toda la pista para fundirse en un abrazo conjunto mientras cantaban cada línea con alma y corazón.

“No sé si se darán cuenta del sacrificio y el laburo que significa para nosotros estar acá, pero que esta banda de amigos haya llegado tan lejos es todo gracias a ustedes que son el motor”, dijo Marcos. La relación entre banda y público es realmente tan cercana, familiar y pasional que todos son y se sienten parte de ese logro. “Es todo esfuerzo, todo ganas, todo compromiso. Es realmente muy difícil pero no tiene precio. Ver ahora todas sus cabecitas, cantando, los globos, a todos los amigos… no tiene precio”, completaba Guille Torres.

También sonaron Final del juego, De perros y proezas, Pequeña historia de un ratito conyugal y, los amigos de la murga 5 Pal Peso, encomendados a inaugurar la noche, le proporcionaron una onda distinta y acertada a Borracho y redoblante.

En otra oportunidad escribí que Alma Bouquet regala más que las canciones, regala momentos, abrazos y amigos. Es un mundo de sensaciones que pasa por todos los climas, del cachengue aportado por Lupita, bailando al compás de su metamorfosis musical, a nuevamente el lagrimeo en Específico; De estanques y banquinas a la Milonga del umbral para ultimar en el Himno: Corceles.

Arriba, abajo y atrás del escenario. A todo aquel identificado con el sueño de Alma Bouquet, se lo vio disfrutando al máximo de una noche que pasaría tan rápido como había llegado; emocionados, sorprendidos y orgullosos de esta banda que se destaca por las ganas, el empuje, el trabajo y el sacrificio. Con su público, al pie del cañón como el primer día, pero de a poco también conquistando nuevas almas. Su próximo desafío es el Konex en enero. Desafío tanto para Alma como para su gente; porque van de la mano, se sostienen, se sanan, juntos, como un binomio inseparable, se vuelven más que la eternidad.

Ph Edu Romero | ¡Mirá todo el álbum completo!

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