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El sábado 29 de abril, dos de los secretos mejor guardados de la escena emergente de la música argentina se aliaron para rugir con intensidad sobre el escenario de Makena. A pesar de las claras diferencias estilísticas, Av. De Mayo y Koba dominaron el proscenio y brillaron bajo las luces del local de Palermo, en una combinación exquisita de sus texturas y colores.

Alrededor de las 22:30 horas, el trío Av. de Mayo salió a escena con la intro arpegiada de El exilio. La voz de Ramiro Reschia intervino la suavidad de la progresión musical de manera ríspida y de esta manera supo contrastar la vehemencia de las palabras con la armonía instrumental. A partir de un riff oscuro, la canción exploró nuevos climas. La banda descartó todo mensaje explícito y se abocó a la expresión musical: coqueteó con los silencios e invitó al público a disfrutar de un viaje sonoro cuya fórmula se repetiría en varias ocasiones durante su presentación.

Un cover crudo de Aneurysm, de Nirvana, dio lugar a Todxs [lxs que faltan]. Los dedos de Marcelo Mancuello recorrieron las cuerdas del bajo en búsqueda de la solidez para sostener este segmento, que combina una atmósfera nostálgica con la fuerza combativa del arte transformador. Entre covers de Foo Fighters y Pearl Jam, el trío dio a conocer parte de su nuevo material. Así llegó (a)Normalidad, un reggae de sonido limpio y gran presencia de bajo.

La balada Maybe y Cuando todo se inunde dieron por finalizado el paso de Av. De Mayo por el escenario de Makena, no sin antes colocar el broche de oro con la reversión de Salgan al Sol, de Divididos. No pasó mucho tiempo antes de que Koba desatara la furia de su rock con el instrumental Skies crash.

A diferencia de la naturaleza orgánica y mesurada de Av. De Mayo, la propuesta de Koba comparte su ADN con bandas como Muse. Sus shows contienen eléctricas pistas de sintetizador, un bajo distorsionado, y guitarras al frente como una violenta tormenta. La pisada escénica de la banda también forma parte su carácter. En contraste con el rigor de su género, los cuatro músicos logran una interacción, tanto entre ellos como con la audiencia, que genera una empatía que trasciende lo musical. Con esa soltura es que Koba ejecutó Nada que ver, con su estribillo que acaricia el punk rock, e introdujo así la imponente voz del cantante y guitarrista Luis Chávez.

A partir de que Chávez liberó la fuerza de su garganta, nuevos colores aparecieron sobre el escenario. Con No somos nada,  la pista introductoria pisó la tierra junto con la batería de Santiago Ramos y creó la ambientación propicia para la intervención desgarradora de Agustín Dándolo en guitarra.

El frontman brilló con su voz de manera intensa y agregó dramatismo al clima, para luego deshacerse de su Epiphone SG (customizada con el símbolo de Koba) y desplegar toda su expresión corporal en el escenario durante Acertijo: un tema nuevo que cuenta con la sazón del slap del bajo de Sergio De Maussion.

Una versión misteriosa de Seven nation army (The White Stripes) decantó en Sombras, que explora una vasta cantidad de texturas. Desde su inicio con una suave base de teclados, hasta su riff agresivo que deriva en estrofas agridulces y un estribillo que recobra una intensidad aumentada por la voz de Chávez.

Hacia el final, el cantante y guitarrista de Av. De Mayo, Ramiro Reschia, fue invitado para ejecutar Estocada, tema que da nombre al primer EP de Koba. Para este momento de comunión, justo en el clímax del show, Santiago Ramos prestó su voz desde la batería para lograr los coros vigorosos que responden a la voz principal en un estribillo prendido fuego.

Finalmente, Crónicas humanas cerró esta fecha conjunta, que no es más que la prueba irrefutable de que el arte se reinventa cada día con las bandas emergentes. Renace de la búsqueda constante de nuevos sonidos y conceptos e ideales bien definidos. Con esa convicción pisan los escenarios Av. De Mayo y Koba.

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