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“Hemos pasado unas cuatro fechas inolvidables, la tuvimos que remar pero lo hicimos. Queremos agradecerle a todos: al equipo que trabaja con nosotros, que fue de lujo, con compañerismo y hermandad, como siempre. No sólo los músicos que se ven acá, también al Club Huracán, donde nos sentimos como en casa. Esta es la última de la primera tanda porque anunciamos 2 fechas más: 26 y 30 de agosto. Estamos muy emocionados por el cariño con el que nos han recibido. Nos vamos muy contentos, espero que ustedes también. Nos vamos a ir como siempre, ¡nos vemos en quince días!, hablando de la libertad”. Así se despidió Chizzo Nápoli en el banquete del miércoles 9 de agosto en el Club Atlético Huracán, luego de la apertura a cargo de Alejandro Medina y Tres Locos.

El show que dio anoche La Renga arrancó con una primera parte a todo trapo con las poderosas Corazón fugitivo, Almohada de piedra y Nómades, con un sonido impecable, una escenografía y una puesta que, después de casi 10 años, pudimos volver a ver en Capital. Qué regreso tan esperado para una sociedad que en tiempos agitados necesitaba ese momento de escapar de la rutina, de descarga y recarga de esa energía y esa mística que generan estos encuentros.

“En La Renga están involucradas todas nuestra familias y amigos, es parte de todos. Somos una familia. Todo lo que hace La Renga lo disfruta a pleno”, dijo Tete Iglesias hace un tiempo en la entrevista que Lalo Mir le realizó para Encuentro en el Estudio. Y ese hedonismo, ese paradigma de establecer el placer como fundamento de la vida, se siente, se huele en el aire.

La banda de Mataderos sigue siendo la misma de siempre. Y sus ideales y convicciones también, donde como premisa, el rock siempre es compromiso: “Esto es para Santiago Maldonado, que aparezca por favor!”, en referencia al joven desaparecido desde el 1 de agosto y que fue visto por última vez en una represión a una comunidad mapuche en manos de la Gendarmería Nacional. Y también hubo espacio para una puteada conjunta a Macri.

La popularidad consolidada y la emoción y expresiones del público, son bastante indefinibles si tuviéramos que explicar lo que se vive abajo, en ese mar de gente, donde los músicos quedan ínfimos en un gran escenario montado con dos pasarelas. Por momentos es de no creer que sólo sean tres. Inquebrantables por donde los mires, y aún más fuertes en el ojo del huracán.

Es realmente una suerte poder ser contemporáneos de este grupo que nació en la esquina de Homero y Garzón, y atravesó -y sigue atravesando- todas las generaciones con este rock combativo, honesto y furioso. Es una suerte poder disfrutar un show que no se ve todos los días, pensado para cuidar al que los acompaña fielmente en un camino donde supieron construir su propia huella. Desde la humildad, con motor, alma y sangre.

Más de 160 mil personas ya lo disfrutaron. Que sea un ejemplo de cómo se hacen las cosas bien y cómo se cuida al público. Una producción impecable, y un show que de principio a fin reivindica este gran camino. Un banquete, sin dudas, para el recuerdo, un pesado y memorable vestigio.

Ph: Edu Romero

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