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La mañana del martes 19 de diciembre trajo consigo la aprobación de la reforma previsional. Aquella contra la cual el pueblo se manifestó durante días entre balas de goma y cacerolazos. Esa misma noche, en Ciudad Cultural Konex, el arte, sin armas y sin banderas, salió al escenario a festejarse a pesar de todo: Litto Nebbia y Pez presentaron su disco conjunto Rodar, en homenaje a los 50 años del rock nacional.

El telón se abrió con el tema homónimo, uno de los pocos compuestos para el disco, con Litto Nebbia en los teclados y Pez a toda máquina. Lo bueno de reciclar es que, sin perder la esencia, las formas se renuevan. Y de eso se trató el show. Tomar los clásicos de Los Gatos que están versionados en Rodar, y llevarlos al escenario complementados con recursos modernos e, incluso, con el sello personal de Pez. En Mujer de carbón, Ariel Sanzo dejó impreso un solo de guitarra tan preciso como intenso; y El rey lloró tuvo como sostén una base de sinte que le reconfiguró el ADN.

Rodar predominó en la lista de temas, al igual que en la presentación de la dupla Nebbia-Pez en el BA Rock, el legendario festival de Daniel Ripoll que tuvo una nueva edición en octubre de este año. El repertorio de la banda de Ariel Sanzo quedó reducido a unos pocos segmentos de distorsión y puños que se elevaban a contraluz desde las butacas del Konex, como ocurrió durante De la vieja escuela del amor.  

El Rock de la mujer perdida (Los Gatos) llegó para traer una dosis necesaria de rock blusero, potente y con el aporte fogoso de Litto en las teclas; justo antes de que las Lágrimas de María se derramaran durante una brumosa intro de sinte, a la cual la voz de Nebbia se subió para entonar los primeros versos. A su término, Litto quedó solo en el escenario, iluminado bajo un haz de luz blanca. Él, su Hammond y el público. Desde las sombras, los cuatro integrantes de Pez lo observaban mientras él le cantaba al Konex Está en tus manos.

La dupla le recordó a su público, también, que Los Gatos alguna vez demostraron que se puede vivir Fuera de la ley, y que se puede naufragar en La balsa.

Más allá de la intención de homenajear al rock nacional en su 50° aniversario, el impacto del show de Nebbia y Pez vino de la mano de la atemporalidad de las canciones de ayer, y la conexión con los mensajes de las canciones de hoy. Como cronistas de sus propios tiempos y de la contemporaneidad que los reúne, Nebbia y Pez supieron traer, sin pronunciarse ni explicitarlo durante el recital, la revolución de las calles.

Con canciones como Para las almas sensibles, y el clásico de Moris, Pato trabaja en una carnicería, el entretejido conceptual dibujó en el aire un discurso y una postura. Dos generaciones de músicos unidas en un mismo escenario. Y, de alguna u otra forma, siguen cantando por lo mismo… “Los hijos de yuta que nos niegan la verdad. ¿Qué verdad? La de que “lo tuyo es mío, y lo mío es mío”. “La música es una de las pocas cosas en la vida que no te traicionan”, dijo Nebbia antes del final, que llegó con Hogar y se llevó una ovación del público. Puede pasar el tiempo, pueden mentir los diarios y hasta los libros.  Pero el arte siempre queda. Y, como dijo Litto, no traiciona.

Ph Edu Romero | ¡Mirá todo el álbum completo de Litto y Pez en el Konex!

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