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Algunos dicen que lo que pasa abajo de un escenario es el fiel reflejo de lo que está arriba. Habrá excepciones y factores ajenos al público que afecten la dinámica entre artista y espectador. El sábado 18 en el patio del Konex, la hipótesis buscó su experiencia en el show que brindó Marilina Bertoldi con la consigna de despedir su disco Sexo con modelos, y presentar a su nueva banda.

El arte de Marilina Bertoldi acarrea consigo mucha intimidad y reflexión. Detrás de la distorsión y los riffs, la sencillez forma parte del encanto de su figura. Desde que puso un pie en el escenario, la naturalidad de su imagen y sus movimientos resultó reconfortante para el ojo del espectador. Sin embargo, cuando las primeras y furiosas notas del bajo distorsionado de Julián Montes en Sexo con modelos buscaron arrancarle al menos un gesto de emoción al público, encontraron impermeabilidad.

El público argentino es conocido por su gran pasión por la música. Un comportamiento de arengue ligado a la cultura futbolística, que propone que el rol protagónico en un show esté dividido en un 50-50 entre el artista y la gran masa. Esta vez, el público de Marilina mostró una cara completamente diferente. Una faceta de apreciación casi inerte, en un espectáculo que genera tantas sensaciones encontradas que resulta difícil criticar a quien no levanta el puño para acentuar aquella frase que lo identifica.

La seductora oscuridad de Puentes sirvió como introducción a MDMA, que electrificó las vibras sobre el escenario. La cantante lanzó un vaso con agua desde el proscenio al estallar el riff, y aquel pequeño desquite pareció darle la postura guarra que requiere la interpretación del tema. Bajo una lluvia de luces led, Bertoldi transformó la densidad en brío con Reaccionar, y ejecutó una de las mejores canciones de amor de la década: Enterrarte.

“Más que despedir Sexo con modelos, estamos acá para festejarlo”, dijo Marilina (Ver Entrevista: “En la música me permito ser más desinhibida”cuando quedó sola en el escenario frente a dos micrófonos. En uno de ellos comenzó a grabar con su loopera: cinco ritmos distintos de palmas y seis voces más tarde, las bases de Feeling good (Nina Simone) estaban listas. Casi hacia el final del show, también haría, junto a la banda completa, su versión de My favorite game (The Cardigans).

La batería de Guillermo Salort aclimató la intro de Malabares, un tema sinuoso que coronó con un solo de Marilina en la guitarra. Hacia el final, la cantante demostró que los riffs le quedan bien con temas como Rastro y el cierre a toda máquina con Y deshacer, no sin antes pasar por Cosas dulces.

De esta manera, Marilina festejó el final de un ciclo en el patio del Konex. Como una catalizadora, la cantante supo brindar un show con diferentes climas e intensidades, y demostró que su obra la representa tan íntimamente que es imposible que su autenticidad pase desapercibida. Ahora queda esperar la salida de su próximo disco, que traerá nuevos matices y perfiles de una artista que ya se ha vuelto necesaria en el catálogo musical del rock argentino.

Ph Vicky Dragonetti || ¡Mirá el álbum completo de Marilina en el Konex!

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