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La dupla de Luciano Mellera y Lucas Lauriente llegó, por primera vez, al Teatro Ópera para el cierre de la gira que los vio pasar por todas las provincias de nuestro país.

Es difícil comentar, o por lo menos intentar transmitir, lo que se vivió en un show de este tipo sin “spoilear” todos los chistes que se hacen ahí o sin terminar siendo una gacetilla. Lo que sí se puede comentar es que, como lo dijo Lauriente en un momento de la noche, el stand up argentino está en un buen nivel, pero son pocos los que pueden llegar a un teatro como el Ópera y llenarlo, sumando la crisis que atraviesa el país y muchos factores más.

La noche arranca con Lauriente solo, ante toda la gente, acompañado solamente por un banquito y las luces azules que iluminan el escenario y le dan un contexto de intimidad. La puesta en escena es sobria, pero justa, todo lo que se podría agregar, sería innecesario. Lo que sí hay, al principio de la noche, son los papelitos que quedan del espectáculo de Topa, quien también se presenta en ese teatro, los cuales el comediante aprovecha para tirarlos y decir que es todo el despliegue de escenografía que va a haber.

Mientras pasan los primeros chistes, hay gente que todavía sigue ingresando, ocupando las butacas que se podían apreciar vacías en las primeras filas y que, lógicamente, pertenecían a alguien. Entre análisis de la actualidad, historias propias y también de amigos, se va la primera parte del show y Lauriente deja su lugar a Mellera, quien es recibido con aplausos.

El ahora protagonista de la noche saluda a la gente, da un consejo que tiene que ver sobre la última historia que contó su compañero y se lanza a analizar a la sociedad, a los departamentos y aprovecha, de igual manera que lo hace Lauriente, a improvisar mucho con lo que aporta un público, integrado por personas de distintas edades, desde 11 hasta 40 y probablemente más, que está siempre participando.

Cuando están los dos juntos sobre el escenario, se puede entender el por qué pudieron recorrer todas las provincias del país en conjunto: hay mucha química, se llevan muy bien, se entienden, se hacen reír uno al otro y todo lo que sucede es espontáneo y sincero. Eso se transmite, llega a todos los que están presentes y, obvio, se ve reflejado en risas sin parar.

El show llega a su fin luego de una sesión de preguntas y respuestas entre los comediantes el público, sumando el agradecimiento a los presentes y la foto final. Después de haber estrenado el Luna Park para el stand up el año pasado, llegado al Teatro Ópera luego de visitar todo el país este año y con especiales grabados para Netflix, próximos a estrenarse el año que viene, no hay dudas de que el crecimiento de esta dupla no tiene techo.

Ph Cami Flores

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