#DiscoRecomendado: There is nothing left to lose de Foo Fighters

#DiscoRecomendado: There is nothing left to lose de Foo Fighters

Con algunos años de giras, discos editados, cambios de formación y comparaciones odiosas con Nirvana, el trío Foo Fighters del multifacético Dave Grohl -ideólogo, cantante, guitarrista y ex baterista de la banda de Kurt Cobain-, junto con Nate Mendel en bajo y Taylor Hawkins en batería, llega a un equilibrio emocional, logra su sonido definitivo y alcanza al gran público masivo con su tercer disco: There is nothing left to lose (1999).

Una propuesta de rock de mucha guitarra, como sigue sucediendo en casi toda su carrera discográfica hasta hoy, pero acentuando más lo pop y animándose a lo experimental, en este caso, desde los efectos y pedales de viola. Sin embargo, el trabajo se destaca por las buenas canciones que le permitieron a la banda desmarcarse definitivamente de la gran bestia grunge, a través de un sonido más amplio y melódico, sin alejarse demasiado de su primera propuesta de distorsión y voz al frente.

Todo este trabajo propone un ensamble perfecto entre los greatest hits de Breakout y Learn to fly, la brillante Gimme stitches de gran riff y cortes rockeros junto con Generator, a la que la inclusión del talk box -efecto de voz- le agrega una interesante sonoridad. Además de las hermosas Aurora y Next year, donde sueltan su lado más sensible y muestran las diferentes atmósferas en las que se pueden manejar.

There is nothing left to lose no fue sólo un puñado de hits. Fue consagratorio luego de dos discos muy buenos, pero que no habían estado a la altura de lo que esperaban de la leyenda que había sido Nirvana, tanto para la prensa y como para gran parte del público. Suerte para Grohl que encontró a los músicos, las canciones y a su propio sonido. A partir de este material, quienes no habían quedado conformes con sus trabajos anteriores, se rindieron a sus pies y comenzaron a transformarse en legendarios. A no perdérselo.

[texto_destacado]BONUS TRACK[/texto_destacado]

Grabado íntegramente en la casa de Dave Grohl, es el primer disco donde él no toca la batería. El instrumento quedó a cargo de Taylor Hawkins, ex músico de Alanis Morissette. Luego de la grabación, ingresaría a la banda Chris Shiflett como primera guitarra. Ambos permanecen en el grupo. Este trabajo recibió el Grammy a Mejor álbum de rock.

Redactor: Juan Varela