La música que no calla

La música que no calla

Históricamente la música ha sido un canal de expresión pero también de denuncia para los artistas que decían lo que la gente no podía o no se animaba. El rock, y en su momento también el tango, funcionaban como un espacio de ese tipo: siempre abriendo el debate sobre la realidad, poniendo todo en tela de juicio. Más o menos independiente continúa siendo hoy el lugar donde muchos se afirman y reafirman como sujetos sociales y culturales.

Conocido es el ejemplo de la dictadura argentina, donde frente a la imposibilidad de denunciar los crímenes y la limitada o prohibida libertad de expresión, la música emergió como el instrumento por excelencia para difundir, de manera camuflada y no tanto, reclamos y verdades silenciadas. “Los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer”, cantaba Charly García en Los dinosaurios haciendo referencia a que sólo era una cuestión de tiempo el retorno a la democracia. Eso les costó, tanto a él como a Luis Alberto Spinetta y León Gieco entre otros, la censura de muchas de sus letras: Viernes 3 amMe gusta ese tajo o Canción de amor para Francisca, por mencionar algunas. Igual suerte, y de manera llamativa, corrieron algunas de las baladas románticas de Palito Ortega y Cacho Castaña como Loco por tu culpa Cara de tramposo, ojos de atorrante según los archivos del Comité Federal de Radiodifusión (Comfer).

Actualmente la música sigue siendo un arma de denuncia social, de búsqueda de toma de conciencia y visibilidad de las injusticias. Salta La Banca se expresó contra la corrupción policial y el gatillo fácil dedicándole un disco a partir del caso de Luciano Arruga, el adolescente de 16 años desaparecido el 31 de enero de 2009 tras ser secuestrado por la policía bonaerense de Lomás del Mirador y encontrado muerto en octubre de 2014. “Optamos por solear tristes urgencias, por cantar una dolencia marginal. Lo hicimos porque matan las ausencias que el sistema delibera propagar”, rezan en Nosotros uno de los temas de C.O.P.L.A. Y antes lo habían hecho sobre la tragedia de Cromañón, de la que su cantante Santiago Aysine es sobreviviente, con la canción Que nunca se repita: “Los dueños de este dolor son políticos de la peor calaña. Pareciera que no ha servido de nada, sólo hay padres que no pierden la esperanza de acabar la impunidad que es promotora de una rabia que no da misericordia”.

También Ciro y los Persas y La Caverna, que cantaron en memoria de los soldados de Malvinas. “Te sacaron de tu casa y sin abrigo. Te cargaron en el viento sur helado. Te entregaron armas que no conocías que con suerte cada tanto funcionaban. Por siempre serán héroes, por siempre nuestros héroes de Malvinas”, recita Ciro en Héroes de Malvinas. Mientras que La Caverna grita en Culpables de no morir: “Culpables de haber vuelto vivos de una guerra, de una traición. Culpables de no aumentar la tristeza por no ser placa ni cajón. Recordamos algo y lo volvemos a olvidar, griten las Malvinas argentinas, pero también argentinos los que fueron a luchar”.

El rock continúa siendo, y esperamos que nunca pierda, ese espacio de expresión popular, de protesta no violenta, que permite hablar sin tapujos e invita a la reflexión del pasado, el presente y el futuro que queremos. Esa creación que no olvida lo que otros olvidaron.