Muse: críticos, tecnológicos, apocalípticos y oscuros

Muse: críticos, tecnológicos, apocalípticos y oscuros

El 17 de octubre lo presentó en nuestro país: entre el viento y la falta de una segunda torre de sonido (lo cual no correspondía a la banda, sí a la producción de la fecha), quienes asistieron al campo no pudieron disfrutar lo que los ingleses propusieron, que sí se pudo apreciar en las plateas y en el campo VIP: talento indudable, sonido demoledor, insuperable sincronización y el caos perfecto, oscuro y apocalíptico en el que sumergen al público en cada uno de sus temas. Matthew Bellamy en composición, voz, guitarra y teclados; Christopher Wolstenholme en bajo, coros y ocasionalmente en armónica y teclado; y Dominic Howard en batería y percusión conforman un milagro musical llamado Muse.

La banda cuenta con un amplio y vanguardista material: 7 discos de estudio, 2 en directo, 1 recopilatorio, 3 EP, 33 sencillos, 4 DVD’s y 40 videos musicales. No conforme con la cantidad, la calidad es algo que sus integrantes jamás dejaron al azar: cada imagen que ilustra sus letras narra una historia; cada sonido tiene algo para expresar; cada solo tiene algo para rockear.

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Dead inside abre su séptimo álbum de estudio, Drones, resultado final de un recorrido que supieron explotar: cada disco evoluciona y muestra algo distinto, pero al mismo tiempo conserva la esencia del perfecto y sincronizado desvarío, de la perfección del sonido en su máxima potencia. En un mundo con polvo y donde nada queda, Bellamy entona un himno de súplica y rencor, mientras le concede a su musa -una suerte de mujer insensible fusionada con el fin de los tiempos en donde no queda claro cuál es su estado vital-  el poder de la resurrección, sin saber que ella va a terminar matándolo. “Siénteme ahora, sujétame por favor. No me dejes fuera en el frío, no me dejes fuera para morir. Te lo di todo, no puedo darte más. Ahora ya soy como tú”, se desgarra con un lamento conmovedor el frontman y concluye, muy cercano al enojo: “Pero estoy muerto por dentro”.

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[Drill sergeant] funciona como introducción de Psycho. Críticos desde el principio frente a la guerra, el interludio consta de un sargento que interpela y amenaza a un soldado de menor rango (que a todo contesta ¡Sí, señor!): “Si no hacés lo que te dicen cuando te lo dicen, serás castigado. ¿Lo entiendes? Si te vas de mi base sin la debida autorización, voy a cazarte y lanzar tu culo en la cárcel”.

Inmediatamente después, irrumpe uno de los riffs de guitarra más potentes y pegadizos del disco: así comienza Psycho, rockero, heavy, border y contestatario. Establece un paralelo entre el lavado de cerebro que realizan las Fuerzas Armadas hacia un soldado para lograr que éste vaya a la guerra y mate a sus pares y su característica de obedecer órdenes como robots -drones- humanos. “El amor no te llevará a ningún lado, estás solo perdido en lo salvaje. Voy a romperte, voy a convertirte en un maldito psicópata. Tu mente es sólo un programa y yo soy un virus. Te convertiré en un súper drone, matarás en mi orden y no seré responsable”, grita una voz del más allá encarnada en el cantante.

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Dentro de un mundo de espionaje, clonación y manipulación de ideas e identidades, el pedido de clemencia se manifiesta en Mercy, con un inicio más pop y un desenlace más oscuro y rockero, tanto desde lo musical así como también desde la descarnada y desconsolada voz del frontman. “¿Puede rescatarme alguien?”, concluye la cruda demanda en un tema donde el miedo -y un poco de paranoia- frente a la manipulación mental de cada individuo en manos de los poderes mundiales se hace evidente; la rebeldía y resistencia ante a ese sistema están personificados en la musa futurista del video oficial.

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Su mensaje de repudio y crítica al gobierno estadounidense frente a sus políticas de guerra, de automatización y brutalización -muchas veces por medio de la tecnología- de su sociedad sigue presente en Reapers. “Gobiernas con mentiras y engaños y el mundo está de tu parte. Tienes la CIA, nena; todo lo que haces es brutalizar. Matas con un mando a distancia y el mundo está de tu parte. Tienes segadores y halcones, nena”, expresa Muse en una frenética, desenfrenada y aceleradísima carrera -que se suaviza por momentos-, en donde la maliciosa femme fatale tiene en la mira a su víctima y lo persigue hasta cometer su fin.

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The handler prolonga el paralelo propuesto entre la malicia encarnada en las mujeres -que evidentemente los lastimaron heavy- y la opresión de un sistema futurista manipulador, tecnológico e invasivo. “Contempla mi transformación y tienes el poder de hacer lo que quieras. Mi cabeza se perdió en la traducción y mi corazón se ha convertido en una máquina fría e impasible”, expone el cantante en esta canción que podría hablar de un mismo sistema opresor, de una relación enfermiza o abordar ambas.

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[JFK] también funciona como interludio de Defector; mediante estas canciones, Muse hace un manifiesto y una declaración de principios y valores. Como contrapartida y a modo de himno hacia la libertad, se evidencian desertores de “una muy unida
máquina altamente eficiente, que combina operaciones militares, diplomáticas, inteligencia, económicas, científicas y políticas”. Al mismo tiempo, siguen exponiendo sus diferencias: “Sus preparativos están ocultos, no publicados; sus errores son enterrados, no encabezados; sus disidentes son silenciados, no elogiados”.

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Con aires de optimismo y revolución sigue Revolt, que empieza pesimista pero después repunta e incita a los desertores del sistema a rebelarse desde la sensibilidad: “Tienes fuerza, tienes alma. Sientes el dolor, sientes el amor. Puedes crecer, puedes sublevarte”.

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A continuación, con las mismas ínfulas esperanzadoras y ordenando el disco desde una situación inicial de represión y control a otra en la cual hay una escapatoria mediante el amor, sigue Aftermath. “Los estados se derrumban y los muros se levantan altos otra vez. No es un lugar para los débiles de corazón pero mi corazón es fuerte, porque ahora sé a donde pertenezco. Somos tú y yo contra el mundo y somos libres. Desde este momento, nunca estarás sola, estamos unidos juntos ahora y para siempre. La soledad se ha ido”, dice la balada que es sin dudas el tema más tranquilo del disco. Evidentemente, además de la libertad, Bellamy encontró a una chica que no lo maltrata.

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The globalist es el tema post-apocalíptico, que describe un mundo en el que no quedan países ni cultura, como consecuencia de la destrucción del hombre. “Un trillón de recuerdos perdidos en el espacio y el tiempo para siempre. Sólo quería ser amado”, se lamenta Bellamy.

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La manera de concluir este viaje rockero, futurista y comprometido es Drones, tema que le da el nombre al disco. El final llega de la mano de la tragedia y la reflexión sobre cómo se puede utilizar todas las innovaciones tecnológicas para dominar y extinguir la existencia humana -sí, la paranoia llega a su apogeo pero tampoco es tan descabellado-. “Asesinados por drones, nuestras vidas entre tus dedos. ¿Sientes algo? ¿Estás muerto por dentro? Ahora puedes matar desde la seguridad de tu casa, con drones”, concluye la banda que conceptual y sonoramente, lanzó el mejor disco del año.

Todo análisis queda desfasado frente a la perfección sonora, los arreglos precisos, el talento de los tres integrantes, las visuales y el show que montan en vivo; además de disfrutarlos, hacer foco en los detalles es un plus. Fin del mundo, caos, drones, tecnología, el amor como salvación, guerra, las emociones y la sensibilidad como herramientas de defensa contra un sistema despiadado que apela al individualismo y a la destrucción mundial. Eso es Drones.