Tonolec en el Ópera: cantando se educa

Tonolec en el Ópera: cantando se educa

A las 21 horas, se pudo vislumbrar en el escenario una escenografía armada con plantas artificiales y una manta blanca que escoltaba a la gran banda que acompañó al dúo en una noche plagada de emociones. Con Charo Bogarín en voz, ukelele, bombo legüero y chaschas, Diego Pérez en voz, guitarra, ukelele, samplers y piano, dos coristas, un contrabajo y dos percusionistas, comenzó una seguidilla de canciones folklóricas fusionadas con sonidos electrónicos al mejor estilo de esta banda norteña.

“Cantando se educa”, enunció Bogarín y a continuación invitó a dos coros de niños: Color humano, de Mar del Plata y a uno de Misiones. Juntos entonaron dos canciones de origen toba. La cantante jugó con su voz envolvente con matices entre guturales y agudos de soprano llegando al registro de silbido, mientras miraba a los niños con una sonrisa y se unía a su danza. La percusión predominó y el escenario se volvió una fiesta que denotaba la felicidad de recuperar y hacer conocer al público las raíces de la lengua de los toba.

Con la banda siempre tocando y Bogarín moviendo sus brazos y desplazándose por el escenario, empezaron los arpegios y el sonido del chaschas -uñas de cabra- para dar paso a la romántica Ay, corazoncito y De mis orillas a vos. Entre aplausos y sonrisas, llegó el cantautor, escritor y poeta argentino Ramón Ayala para entonar El cosechero; el invitado desplegó su potente voz y dejó al público en silencio y atento a la escucha.

Ante la presentación de Diego Pérez, volvieron los dos coros de niños para entonar uno de los temas más reconocidos de María Elena Walsh, Manuelita; en esta ocasión, en lengua Qom. Bogarín expresó: “Debemos dejar de ver a los Qom como gente que no tiene nada y empezar a verlos como un pueblo que tiene mucho para enseñarnos”.

La cantante se calzó el ukelele electroacústico y se emocionó al presentar a un cantautor icono de la cultura argentina: Víctor Heredia. Juntos dieron paso a una Taki Ongoy II. Le siguieron Techo de paja, Mujer, cántaro, niño y otro tema inédito del cantautor, poeta y periodista uruguayo Alfredo Zitarrosa: Adagio en mi país.

En una noche donde el escenario fue testigo de invitados de lujo para la cultura popular, no faltó Peteco Carabajal quien, junto a Bogarín, compuso El río y la cábula. Le sucedió La pollera amarilla, de Gladys “La bomba tucumana”, en donde la gente bailó y se descontracturó de tanta emoción que generaron los temas y los invitados que se hicieron presentes.

A las 23.30 horas, se aproximaba el final del recital que terminó con Niño perdido, Canción de cuna y el tema dedicado a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, Llora tus penas. Charo Bogarín agradeció a su familia y contó su historia personal: su padre es un desaparecido por la dictadura de 1976. Al grito alentador de “A todas las mujeres fortaleza, ¡lloren sus penas!”, cantaron la canción que le dio cierre a una noche de emociones y remarcó lo mejor que hace este dúo: reivindicar la música de los pueblos originarios y la cultura popular.

Redactora: Mariana Leanza